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Perfección y productividad, polos opuestos

Todos queremos hacer nuestras tareas lo mejor posible. Las empresas se esfuerzan por encontrar cada aspecto de su trabajo que puede mejorarse, intentando acercarse al punto de que no haya nada para mejorar, que todo sea perfecto. Sin embargo, la perfección es una utopía, algo que nunca alcanzaremos en todo lo que hagamos. Podremos acercarnos cada vez más, ahí está el desafío, pero nunca seremos perfectos nosotros ni nada de lo que hagamos. Por ello, si nuestro trabajo está obsesionado con la perfección, estaremos corriendo un grave riesgo que atenta contra nuestra productividad.

Para comenzar, los perfeccionistas nunca están conformes con lo que hacen, siempre se critican por lo que no está aún perfecto. Un primer riesgo que corremos es que en nuestro afán por alcanzar lo inmejorable, utilicemos más recursos y tiempo del que podemos, dejando de lado otras tareas. Para peor nunca terminaremos ninguna, ni siquiera esa que nos tiene estancados, pues como decíamos, nunca seremos perfectos ni nada de lo que hagamos.

Por otra parte el invertir demasiados recursos buscando la perfección de una tarea o producto, hace más difícil el retorno de nuestra inversión (ROI) a la hora de analizar nuestras ganancias. Tanto empeñamos en ello que es difícil al final recuperar y ganar sobre lo que hicimos, la inversión fue demasiado grande.

Algo que puede ayudarnos es el determinar cierta meta u objetivo a cumplir para decir que nuestra tarea fue completada. Hay que poder decir cuándo una tarea se termina, de modo que el resto de los involucrados sepa qué esperar y cuándo considerar que hemos cumplido con nuestro trabajo. Eso nos llevará a fijar estándares y también garantías para nuestro trabajo. La perfección es como un espiral, siempre damos vueltas en torno a lo mismo sin llegar nunca. Hay que dar por terminadas las tareas para poder pasar a otras.